la contraportada

Hace treinta años que Javier Villafañe, fabulador y tiritero argentino, con su mula, su tartana y sus inseparables marionetas, recorrió los caminos de La Mancha tras las huellas de Don Quijote. La aventura comenzó en Argamasilla de Alba y el camino le llevó por los pueblos y plazas en los que Cervantes soñó al hidalgo y su escudero.

A lo largo del viaje, el incansable titiritero recogió más de 55.000 cuentos escritos por niños como agradecimiento por sus espectáculos de marionetas. De todos ellos el propio autor seleccionó 177 para elaborar este libro que hoy, felizmente, recuperamos.

En estos cuentos los niños prestan su voz y su imaginación a la memoria colectiva y trazan un fresco de la sociedad y la vida de aquellos años.

sobre el autor

Javier Villafañe nació en Buenos Aires el 24 de junio de 1909. Fue poeta, escritor y, desde muy pequeño, titiritero. Con su carreta La Andariega viajó por Argentina y varios países americanos realizando funciones de títeres.

En 1967, por problemas con la dictadura militar argentina abandona el país y viaja hasta Venezuela donde funda un Taller de Títeres en la Universidad de Los Andes.

En 1978, auspiciado por el gobierno venezolano, recorrió el camino de Don Quijote a través de La Mancha, en España. En 1984 volvió a Argentina.

Fue autor de muchos libros de cuentos, poemas y teatrillos para títeres.

Falleció en Buenos Aires el 1 de abril de 1996, a los 86 años.

un cuento

El hombre de nieve

Era de noche y estaba nevando. Una niña miró por la ventana y vio a alguien que paseaba con un abrigo de cuello alto. La niña se fue al fuego para calentarse un poco. Llamaron a la puerta y la niña abrió, era un hombre de nieve con un sombrero de copa. La niña le dijo que pasara y que se sentase junto al fuego. Le preguntó que si tenía hambre y el hombre le respondió que sí, le hizo un vaso de leche y un bocadillo de queso. Y hablaron de cosas, una vez le preguntó la niña al hombre de nieve que qué hacía en la primavera y el hombre le respondió que se iba a la montaña donde siempre hay nieve. Llamaron a la puerta, la niña fue abrir era otro hombre de nieve y preguntó que si estaba su hermano. Llegó la primavera y se fueron a la montaña.

[María Luisa Mayordomo López, 10 años.
Pedro Muñoz]

Yo uno y tú dos

érase una vez un matrimonio que el marido siempre se comía dos huevos y la mujer uno, hasta que un día la mujer se cansó y le dijo al marido: Ya estoy harta de que coma yo uno y tú dos. Y el marido enfadado dijo: ¿Tú quieres que me muera? y la mujer dijo: Pues muérete.

Al día siguiente el marido se hizo el muerto y la mujer al verle empezó a llorar y a pegar gritos. Ay, Ay, que se ha muerto mi marido. Ya lo meten en el ataúd y lo llevan hacia el cementerio y dice la mujer: Déjemelo ver por última vez. Y dice: Yo dos y tú uno y dice el marido: No, yo dos y tú uno. Pues que siga el entierro. Ya van a pasar al cementerio y dice la mujer: Déjemelo ver por última vez, yo dos y tú uno. No yo dos y tú uno. Pues que siga el entierro. Ya lo van a enterrar y dice la mujer: Déjemelo ver por última vez. Yo dos y tú uno. Y dice el marido: No yo dos y tú uno. Y la mujer dice: Vale, tú dos y yo uno. Y sale el marido corriendo por el cementerio. Me como dos, me como dos. Y el sacristán que era cojo decía: A mí no, a mí no.

[Francisco Javier Rodríguez Muñoz, 12 años.
El Toboso]

Las tres hermanas

érase una vez tres hermanas que cada una tenía un oficio.

Una lavaba, otra planchaba y otra cocía y una vez dijo su mamá quien termine el oficio va a ir a llevarle el almuerzo a papá. Terminó la mayor que fue quién cocía y le llevó al almuerzo. Le llevaba el almuerzo y se encontró con una gitana y le dijo la gitana: Me das un poco de pan y le dijo la niña: No jódete y come piedra y siguió. Luego terminó otra y le llevó la comida. Llevaba patatas y carne y melón. Salió de su casa y se encontró la gitana y le dijo: Dame una poca de carne y le dijo la chiquilla: Jódete y come hierro y se fue. Luego terminó la otra y se fue a llevar la merienda y vio a la gitana llorando y le dijo la niña: ¿Qué le pasa? Contestó la gitana que tengo hambre y nadie me da y dijo la pequeña. Toma la merienda y dijo la gitana: Bueno, toma esta manzana. Se la comió y la gitana la envenenó y la chica se murió.

[Justo M., 8 años.
Arenas de San Juan]