Descripción
Título: Música, espejo del cuento
Autor: Nono Granero
Ilustración de cubierta: Nono Granero
ISBN: 978-84-09-73967-7
Nº de páginas: 160
sobre el autor
Nono Granero (Úbeda, 1968), es narrador oral profesional, ilustrador y escritor.
Licenciado en BB. AA. por la Universidad de Granada, comenzó a contar en el año 2000 de la mano de la asociación Malión. Desde entonces ha desarrollado sesiones de narración, encuentros y talleres, o impartido cursos y charlas en festivales, congresos, bibliotecas, teatros, museos, colegios, centros de profesorado y en cualquier lugar donde existieron curiosidad y ganas de compartir historias o de saber más acerca del álbum ilustrado.
Como escritor y/o ilustrador ha publicado más de una treintena de obras en España, Francia, Italia, Brasil, Canadá, Venezuela y Dinamarca. Algunas de estas obras han merecido distintos galardones y reconocimientos internacionales.
En el año 2009 comenzó a estudiar música en la Universidad Popular “Joaquín Sabina”. Pasó luego al Conservatorio “María de Molina” y hoy en día colabora con la Agrupación Musical Ubetense tocando el clarinete.
solapa trasera
El narrador, autor e ilustrador Nono Granero reflexiona, a lo largo de estas páginas, en los muchos lugares de encuentro que hay entre la narración oral de cuentos y la música; y lo hace confrontando ambas disciplinas como si una fuera espejo donde la otra pudiera mirarse, conocerse y reconocerse. Esta propuesta nos permite acercarnos a la narración oral desde nuevas y sugerentes perspectivas, al mismo tiempo que nos acerca al mundo de la música; y, por supuesto, también nos invita a pensar en los aspectos comunes que comparten la música y la narración oral.
Una lectura estupenda, sin notas disonantes y con una melodía muy pegadiza, de esas que no se pueden dejar de tararear una vez se ha disfrutado.
así empieza el libro
OBERTURA
Los humanos somos una especie
tan lingüística como musical
Oliver Sacks
Es fácil observar que la narración oral es un punto de encuentro para las más diversas artes. Por su naturaleza más visible e inmediata, la que se conforma a partir de las palabras, se ha asociado siempre con la literatura. Por su componente escénico, con el teatro. Construir las imágenes adecuadas y secuenciarlas es fundamental en la elaboración de una historia y determina en buena medida el modo en que el narrador puede compartirla con el público. Existe, por supuesto, una arquitectura en todo relato. Y para cualquiera que haya contado un mismo cuento a lo largo de los años, es evidente cómo crece y mengua en un proceso que se asemeja enormemente al de modelar una escultura, a la que se añade barro para después retirarlo poco a poco, en busca de la forma precisa.
También diferentes artesanías podrían utilizarse para explicarnos en qué consiste ese urdir y trenzar, ese calentar y moldear, batanear y colorear una materia que, a priori, parece intangible, hasta que somos capaces de engastarla en nuestra vida cotidiana.
Pero, por encima de todas esas asociaciones, existe un arte con el que, para mí, tiene los mayores puntos de conexión. Hablo de la música.
No es casual ni caprichoso establecer este vínculo. Como veremos, ambas comparten multitud de aspectos que propician la comparación. Y por eso trataremos aquí de observarlas juntas, mostrando cómo puede articularse una propuesta de narración oral utilizando las herramientas que nos proporciona la música.
Late en el fondo de este acercamiento, salvando las distancias, una intención similar a la que movió a Leonardo da Vinci a escribir el “Parangón” como introducción a su Tratado de pintura. En ese capítulo inicial, Leonardo planteaba una confrontación a cuatro bandas con la ciencia, la poesía, la música y la escultura, tratando de evidenciar la supremacía de la disciplina a la que se dedicaba. Tengamos en cuenta que, en aquel momento, la pintura ni siquiera entraba dentro del círculo de las artes, sino que ocupaba un lugar menor, asociada con realizaciones de tipo manual, artesano y en cierto modo, industrial.
Y se me antoja que hoy, como entonces, no está de más recurrir a un procedimiento similar, insistiendo en la consideración de la narración oral como un arte en sí misma, valoración que no parece tan extendida a nivel cotidiano como sería deseable. Valga a este respecto una pequeña observación inicial: mientras que el oficio de la música está asentado como tal en la sociedad, contar cuentos sigue pareciendo, a menudo, una actividad secundaria, al servicio de propósitos formativos variados o, simplemente, un entretenimiento menor.
Pero donde Leonardo proponía la confrontación de méritos, yo prefiero utilizar otra estrategia, menos belicosa. Trataré solo de colocar un espejo entre ambas disciplinas con la esperanza de que lo valorado en una bien pueda valorarse en la otra. Con la pretensión de que lo que una enseña, otra pueda aplicarlo.





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